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Los padres de bebés que regurgitan con frecuencia o de niños mayores que se quejan de ardor de garganta suelen escuchar la misma respuesta tranquilizadora: "Ya se les pasará". Para muchos, es cierto. Pero cuando los síntomas persisten (bajo aumento de peso, tos inexplicable, ronquera o rechazo a la alimentación), surge la pregunta: ¿cómo diagnosticar el reflujo en un niño sin someterlo a pruebas invasivas que son difíciles o imposibles de realizar?
La endoscopia requiere sedación y conlleva riesgos en niños pequeños. La monitorización del pH durante 24 horas implica la inserción de un tubo delgado por la nariz que permanece colocado durante todo el día, una experiencia que resulta incómoda para la mayoría de los adultos, y mucho más para un niño pequeño. La buena noticia es que existe una alternativa no invasiva: la prueba de pepsina salival. Es segura, sencilla y puede adaptarse incluso a los pacientes más jóvenes con la ayuda de un profesional sanitario.
Por qué es importante diagnosticar el reflujo en los niños
El reflujo gastroesofágico es común en los bebés. Más de la mitad de los bebés regurgitan con regularidad, y la mayoría lo supera entre los 12 y los 18 meses. Sin embargo, la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) afecta a un subgrupo menor, lo que puede provocar complicaciones como esofagitis, retraso en el crecimiento, síntomas respiratorios y aversión a la alimentación. [1]El reflujo laringofaríngeo (RLF), en el que el contenido del estómago llega a la garganta, puede causar tos crónica, ronquera e incluso estridor en los niños.
Retrasar el diagnóstico significa retrasar el tratamiento. El reflujo no tratado en niños se ha relacionado con la erosión dental, la otitis media crónica y el empeoramiento del asma. [2]Pero las herramientas de diagnóstico tradicionales no son adecuadas para pacientes pediátricos.
El problema de las pruebas invasivas en niños
La endoscopia bajo anestesia general a veces es necesaria para descartar esofagitis eosinofílica o anomalías estructurales, pero no es una prueba de primera línea. Requiere ayuno, acceso intravenoso y tiempo de recuperación, lo que supone una carga importante para el niño y su familia. Además, la endoscopia puede ser normal hasta en el 70% de los niños con síntomas de reflujo porque el daño no es erosivo. [1].
La monitorización de pH e impedancia durante 24 horas es más sensible, pero igualmente invasiva. El catéter nasal puede causar molestias, limitar la actividad y alterar el sueño. Muchos niños no lo toleran, y la prueba suele abandonarse o arroja resultados poco fiables. Incluso la cápsula de pH Bravo inalámbrica, si bien evita el tubo nasal, requiere colocación endoscópica y posterior extracción, lo que también requiere sedación.
Estas limitaciones han provocado que muchos niños no reciban un diagnóstico o sean diagnosticados erróneamente, y que se les trate empíricamente con medicamentos supresores de ácido que pueden no abordar la causa fundamental.
Una alternativa no invasiva: la prueba de pepsina salival.
La pepsina es una enzima digestiva producida exclusivamente en el estómago. No debería estar presente en la saliva ni en las secreciones de la garganta. Cuando lo está, es una prueba directa de que el contenido gástrico ha refluido hacia el tracto aerodigestivo superior. [3]La prueba de pepsina salival ha sido ampliamente validada en adultos, y su aplicación en pediatría está en aumento.
La prueba es sencilla. Se recoge una pequeña muestra de saliva: a un niño mayor se le pide que escupa en un tubo o, en el caso de bebés y niños pequeños que no pueden escupir, un profesional sanitario utiliza un catéter de succión suave o una pipeta estéril para aspirar suavemente la saliva de la boca. Se trata de un procedimiento breve e indoloro que no causa más molestias que un examen bucal rutinario. La muestra se aplica a un dispositivo de flujo lateral y los resultados están disponibles en aproximadamente 15 minutos.
Lo que demuestran las evidencias en los niños
Una revisión sistemática de 2024 examinó la utilidad diagnóstica de la medición de pepsina salival en el reflujo pediátrico. Los autores concluyeron que la prueba de pepsina salival ofrece un método "no invasivo, práctico y bien tolerado" para detectar el reflujo en niños, con una sensibilidad y especificidad comparables a las de los estudios en adultos. [2]En un estudio prospectivo de 60 niños con sospecha de LPR, la positividad de la pepsina se correlacionó fuertemente tanto con las puntuaciones de los síntomas como con la respuesta al tratamiento. [1].
Otro estudio evaluó específicamente la viabilidad de la recolección de saliva en lactantes mediante un simple hisopo oral. El procedimiento fue bien aceptado por los padres y los lactantes, sin que se presentaran eventos adversos. Los niveles de pepsina fueron significativamente más altos en los lactantes con reflujo clínico que en los controles sanos. [3].
Si bien ninguna prueba es perfecta, la prueba de pepsina salival proporciona evidencia objetiva que puede orientar las decisiones clínicas, ya sea intensificar el tratamiento, derivar al paciente para una evaluación adicional o tranquilizar a los padres asegurándoles que el reflujo no es la causa.
¿Por qué elegir la prueba de saliva en lugar del tratamiento a ciegas?
Actualmente, muchos pediatras prescriben medicamentos supresores de ácido basándose únicamente en los síntomas. Sin embargo, los inhibidores de la bomba de protones (IBP) no son inocuos. Su uso prolongado en niños se ha asociado con un mayor riesgo de infecciones respiratorias, disbiosis intestinal y malabsorción de nutrientes. [2]El tratamiento sin diagnóstico conlleva el riesgo de una exposición innecesaria y puede retrasar la identificación de otras afecciones.
Por el contrario, una prueba de pepsina positiva proporciona una justificación objetiva para el tratamiento, mientras que una prueba negativa impulsa la búsqueda de causas alternativas, como alergias, anomalías anatómicas o trastornos funcionales. Tanto para los padres como para los médicos, tener una respuesta clara reduce la ansiedad y evita el ciclo de prescripción por ensayo y error.
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❓Preguntas frecuentes
1. ¿Qué tan precisa es la prueba de pepsina salival en niños?
Los estudios han demostrado una buena correlación con los síntomas clínicos y la respuesta al tratamiento. La sensibilidad y la especificidad son comparables a las de los datos en adultos, y una revisión sistemática de 2024 respalda su uso como una herramienta de diagnóstico práctica. [2,3].
2. ¿Qué ocurre si mi hijo no puede escupir?
Un profesional sanitario puede recoger la saliva utilizando una pipeta estéril, un catéter de succión suave o un hisopo bucal. El procedimiento es rápido y causa mínimas molestias.
3. ¿Está aprobado el uso de Pepfast en niños?
Pepfast está indicado para su uso bajo supervisión clínica. El producto en sí no tiene restricción de edad. Si bien el etiquetado pediátrico formal varía según la región, la prueba se puede utilizar fuera de‑etiqueta en niños a discreción del médico, con el consentimiento apropiado.
4. ¿Por qué no probar con medicamentos y ver si funcionan?
El tratamiento empírico con supresores de ácido puede proporcionar un alivio temporal, pero no confirma el diagnóstico. Además, conlleva riesgos a largo plazo.‑uso del término. Una prueba objetiva ayuda a dirigir la terapia a quienes realmente la necesitan y evita la medicación innecesaria. [2].
Referencias
1. Bobin F, Lechien JR, Saussez S, et al. (2021). Pepsina salival como biomarcador diagnóstico para el reflujo laringofaríngeo en niños: un estudio piloto. Archivos Europeos de Otorrinolaringología, 278(8):2911-2918.
2. DiMaria C, Russell JL, Giliberto JP, et al. (2024). Revisión sistemática de las pruebas de pepsina salival para el reflujo pediátrico. Revista Internacional de Otorrinolaringología Pediátrica, 178:111895.
3. Johnston N, Ondrey F, Rosen R, et al. (2020). Detección de pepsina en la saliva como biomarcador no invasivo de reflujo en lactantes. Revista de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica, 70(3):345-350.
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