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Para millones de personas en todo el mundo, el reflujo se considera una molestia ocasional: una sensación de ardor después de una comida copiosa que se soluciona fácilmente con un antiácido. Sin embargo, no confirmar si estos síntomas son realmente causados por el reflujo y tratarlos a ciegas conlleva riesgos reales. El reflujo no tratado puede dañar silenciosamente el esófago y la garganta con el paso de los años, mientras que la medicación prolongada innecesaria puede ser perjudicial sin abordar el problema subyacente. Un diagnóstico preciso no solo sirve para aliviar las molestias, sino también para prevenir complicaciones graves y garantizar que el tratamiento sea seguro y eficaz.
La carga oculta del reflujo no tratado
Cuando el reflujo no se diagnostica ni se trata, las consecuencias van mucho más allá de las molestias diarias. La exposición crónica del esófago al contenido estomacal puede causar inflamación, erosiones y estenosis. Más preocupante aún, la ERGE de larga duración es un factor de riesgo reconocido para el esófago de Barrett, una afección precancerosa que aumenta la probabilidad de adenocarcinoma de esófago. [2]De igual manera, el reflujo laringofaríngeo persistente puede dañar la delicada mucosa de la laringe, contribuyendo a la laringitis crónica, lesiones en las cuerdas vocales y, en casos raros, cáncer de laringe. [3].
El impacto en la calidad de vida es igualmente significativo. Los pacientes con reflujo no tratado a menudo sufren trastornos del sueño, menor productividad laboral y limitaciones en las actividades sociales. El ciclo constante de carraspear, toser o evitar los alimentos desencadenantes puede resultar mentalmente agotador. Sin embargo, debido a que los síntomas pueden ser intermitentes o variar ampliamente —desde la acidez estomacal típica hasta signos menos evidentes como sibilancias similares al asma o erosión dental— muchas personas viven con reflujo durante años sin haber recibido nunca un diagnóstico formal. [4].
El peligro de tratar sin saber
Quizás el riesgo más ignorado sea tratar el reflujo sin un diagnóstico confirmado. Millones de recetas se emiten anualmente para medicamentos supresores de ácido, como los inhibidores de la bomba de protones (IBP), a menudo basándose únicamente en los síntomas. Si bien estos fármacos son eficaces para muchos, no están exentos de riesgos a largo plazo cuando se usan innecesariamente. Los estudios han relacionado el uso prolongado de IBP con un mayor riesgo de enfermedad renal, fracturas óseas, deficiencia de vitamina B12 e infecciones intestinales. [5].
Más preocupante aún, tomar medicamentos sin confirmación diagnóstica puede enmascarar síntomas de otras afecciones graves. Síntomas que imitan el reflujo —como dolor de pecho, dificultad para tragar o tos crónica— a veces pueden deberse a problemas cardíacos, trastornos de la motilidad esofágica o incluso tumores malignos. Un enfoque de "tratar primero y preguntar después" conlleva el riesgo de retrasar el diagnóstico correcto y el tratamiento adecuado para estos problemas subyacentes.
Facilitar el acceso al diagnóstico
Los métodos de diagnóstico tradicionales —endoscopia, monitorización del pH durante 24 horas— son invasivos, costosos y, a menudo, inaccesibles. La endoscopia no detecta a la mayoría de los pacientes con reflujo no erosivo, mientras que la monitorización del pH requiere la inserción de un tubo nasal durante todo el día. Como resultado, muchos pacientes nunca reciben un diagnóstico confirmado; simplemente se les recetan medicamentos supresores de ácido basándose únicamente en los síntomas. [1].
Pepfast Ofrece una solución más sencilla. Se trata de una prueba de saliva rápida y no invasiva que detecta la pepsina, una enzima estomacal que nunca debería aparecer fuera del estómago. Una pequeña muestra de saliva proporciona resultados objetivos en tan solo 15 minutos, sin tubos, endoscopios, equipos de laboratorio ni centrifugación. Para los médicos, ofrece información rápida y fiable para confirmar o descartar el reflujo. Para los pacientes, ofrece una forma indolora de saber si el reflujo está causando sus síntomas, ya sea acidez estomacal típica, tos persistente, ronquera o irritación de garganta. Cuando se confirma el reflujo, se puede iniciar un tratamiento específico; cuando se descarta, se puede avanzar sin demora en la búsqueda de otras causas.

Preguntas frecuentes❓
1.¿Qué puede ocurrir si el reflujo no se diagnostica ni se trata?
El reflujo no tratado puede provocar inflamación crónica, cicatrización del esófago y, en casos graves, cambios precancerosos como el esófago de Barrett. En el caso del reflujo con predominio de garganta (RLF), el daño persistente puede afectar la calidad de la voz y aumentar el riesgo de complicaciones laríngeas. [2,3].
2. ¿Es seguro tomar medicamentos para el reflujo sin un diagnóstico confirmado?
Si bien el uso a corto plazo bajo supervisión médica suele ser seguro, el uso a largo plazo sin un diagnóstico confirmado conlleva riesgos.
La supresión innecesaria de ácido puede provocar efectos secundarios y enmascarar otras afecciones subyacentes que requieren un tratamiento diferente. [5].
3. ¿Cómo puedo saber si mis síntomas se deben al reflujo?
El reflujo puede causar síntomas típicos como acidez estomacal y regurgitación, pero también signos menos obvios como tos crónica, ronquera, carraspeo o una Sensación de tener un nudo en la garganta. Una prueba objetiva, como la detección de pepsina en la saliva, puede ayudar a confirmar si el reflujo es la causa. [1].
4. ¿Cuál es la función de la prueba de pepsina en el diagnóstico del reflujo?
La pepsina es una enzima que se produce únicamente en el estómago. Su presencia en la saliva o en las secreciones de la garganta es un indicador directo del reflujo gástrico.
La medición de la pepsina proporciona una forma sencilla y no invasiva de confirmar si se está produciendo reflujo, complementando otra información clínica. [1,3].
Referencias
1. Divakaran S, Manimaran V, Shetty S, et al. (2020). Reflujo laringofaríngeo: síntomas, signos y presencia de pepsina en la saliva: una tríada diagnóstica confiable. Archivos Internacionales de Otorrinolaringología, 25(2): e273-e278.
2. Fass R. (2020). El papel del reflujo no ácido en la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Farmacología y terapéutica alimentaria, 52(3):421-431.
3. Li J, et al. (2024). Prueba de pepsina salival para el reflujo laringofaríngeo: ¿cambiará nuestro manejo? Opinión actual en otorrinolaringología y cirugía de cabeza y cuello., 32(6):398-402.
4. Blaine-Sauer S, et al. (2025). Reflujo extraesofágico: manifestaciones clínicas y herramientas para el diagnóstico y tratamiento. Anales de la Academia de Ciencias de Nueva York, 1547(1):233-244.
5. Freedberg DE, Kim LS, Yang YX. (2017). Los riesgos y beneficios del uso a largo plazo de los inhibidores de la bomba de protones: revisión de expertos y consejos sobre mejores prácticas de la Asociación Americana de Gastroenterología. Gastroenterología, 152(4):706-715.
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