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La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) es excepcionalmente común entre los adultos mayores, con una prevalencia máxima entre los 60 y los 70 años. Aproximadamente el 25% de todos los pacientes con ERGE tienen más de 75 años. Esta mayor susceptibilidad no es casual, sino que tiene su origen en cambios fisiológicos específicos relacionados con la edad.
Causas fisiológicas: por qué el envejecimiento aumenta el riesgo de ERGE
El destacado gastroenterólogo, profesor Hou Xiaohua, destaca que los cambios fisiológicos degenerativos asociados con el envejecimiento son los principales contribuyentes.
1. Barreras antirreflujo debilitadas: La prevalencia de hernias hiatales aumenta significativamente y afecta a aproximadamente el 60% de las personas mayores de 60 años. Al mismo tiempo, la presión del esfínter esofágico inferior (EEI) tiende a disminuir, una condición a menudo exacerbada por medicamentos comunes que toman las personas mayores, como ciertos broncodilatadores o bloqueadores de los canales de calcio.
2. Deterioro de la depuración esofágica: La producción de saliva, que ayuda a neutralizar el ácido refluido, disminuye con la edad. Además, la fuerza y la coordinación de las contracciones esofágicas que despejan el esófago pueden debilitarse, lo que provoca una exposición prolongada al ácido.
3. Reducción de la defensa de la mucosa y alteración de la sensibilidad: La capacidad protectora del moco y otros factores de la saliva disminuye. Curiosamente, el esófago también puede volverse menos sensible a la irritación, lo que significa que puede presentarse un reflujo significativo con síntomas iniciales menos pronunciados, lo que a veces retrasa el diagnóstico.
Reconociendo los síntomas: A menudo no solo acidez estomacal
En las personas mayores, los síntomas clásicos de la ERGE, como la acidez estomacal y la regurgitación ácida, suelen ser menos prominentes. En cambio, los síntomas atípicos o extraesofágicos cobran protagonismo:
• Dolor abdominal superior, indigestión y dificultad para tragar.
• Tos crónica, ronquera o dolor de garganta persistente.
• Dolor torácico no cardíaco.
• Cabe destacar que aproximadamente el 60% de los pacientes ancianos con ERGE experimentan al menos un síntoma respiratorio, como tos crónica o ronquera, que está relacionado con el reflujo que llega a la parte superior de la garganta y las vías respiratorias.
Enfoques diagnósticos modernos: el papel de las pruebas no invasivas
Un diagnóstico preciso es crucial. El trabajo del profesor Xiao Yinglian describe varios métodos, con especial énfasis en los avances en herramientas de diagnóstico no invasivas.
Entre estas, la prueba de pepsina salival (ejemplificada por productos como Peptest) se ha convertido en una opción importante. La pepsina es una enzima estomacal que no debería estar presente en la saliva; su detección es un biomarcador fiable del reflujo.
Cómo funciona: La prueba solo requiere una muestra de saliva. Si se ha producido reflujo gástrico, la pepsina estará presente en la saliva y el kit la detectará, generalmente en 15 minutos.
• Utilidad clínica: Los estudios indican que este método es especialmente valioso para pacientes con síntomas atípicos. Ofrece una alternativa no invasiva sensible y específica, especialmente adecuada para pacientes mayores que podrían no ser aptos para procedimientos más invasivos como la endoscopia o que desean evitarlos como primera medida.
• Datos de apoyo: La investigación citada por el profesor Xiao muestra una sensibilidad diagnóstica del 78,6 % y una especificidad del 64,9 % para la ERGE. En pacientes con síntomas de garganta, un estudio multicéntrico informó una sensibilidad del 76,4 % y una especificidad del 100 %.
Estrategias esenciales de gestión y prevención
Los ajustes diarios en el estilo de vida siguen siendo la piedra angular del manejo de la ERGE:
1. Modificaciones en la dieta: Mantenga un peso saludable. Evite las comidas copiosas, los alimentos ricos en grasas, el chocolate, la cafeína y el alcohol. Opte por comidas más pequeñas y frecuentes.
2. Hábitos post-comidas: Evite acostarse durante al menos 3-4 horas después de comer. Elevar la cabecera de la cama de 15 a 20 cm (6 a 8 pulgadas) puede aprovechar la gravedad para prevenir el reflujo nocturno.
3. Opciones de estilo de vida: usar ropa holgada, evitar fumar y controlar el estrés mediante una rutina regular y la relajación.
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